Una vez más y antes de adentrarme en la materia, quiero pediros disculpas por la tardanza en el escrito.
Desde hace un tiempo me viene siendo imposible encontrar huecos para actualizar el blog, la vida familiar y el trabajo me absorben por completo, aunque tengo la esperanza que poco a poco esta dinámica cambie y pueda volver a escribir tanto como me gustaría.
Bueno, vamos al lío.
Como bien sabréis el pasado domingo estuve de visita relámpago en Sevilla para acompañar a los padres de David en su visita al palco de honor del Ramón Sánchez Pizjuán.
Tras algo de retraso en al salida del avión y un eterno viaje “amenizado” por los continuos anuncios de las azafatas de Ryanair, mi avión tocó tierra sevillana a eso de las 12 del mediodía.
Al la salida del aeropuerto, el GRAN Rafa García, más conocido como el Talibán Sevillista, me esperaba para acercarme a la zona del Estadio donde más tarde aparecerían Ramón Stones y Mayte Carrera.
Como siempre me sucede, por muchas veces que haya ido ya, mi corazón se aceleró al volver a ver el estadio. Volvía a estar allí, donde tantas y tantas veces había deseado estar, aunque esta vez mi indumentaria dejaba claro que iba a ser diferente.
La primera parada, obligatoria por otro lado, fue La Espumosa, donde pude saludar a algunos otros “viajeros” conocidos, como algunos de los miembros de Biris que estuvieron en Zaragoza.
Como el reloj avanzaba demasiado pronto y una vez ya tenía el placer de estar con la familia casi al completo, nos dirigimos a tapear algo antes de volver al Estadio.
Una tapa, otra, copita de vino, carcajada, debate, sevillismo, amistad y de nuevo pendiente del reloj.
Llegaba la hora de ver a los padres de David que, en varias conversaciones telefónicas a lo largo del día, me habían expresado su nerviosismo. Estaban ansiosos, con muchas ganas de que llegara el momento y sufrían por si algo no salía bien.
Nos encontramos en la puerta de cristal junto a la tienda donde minutos, segundos antes me despedía de tantos y tan buenos amigos (Carmen, Sebas, Mayte, Ramón, Selu y un largo etcétera). Allí nos esperaba Iván Parrilla, miembro de la FP y al que nunca podremos agradecerle lo suficiente el trato que no deparó, tanto a mi como a la familia de David, mientras duró la visita.
Tras saludar a M.Vizcaíno nos dirigimos a la zona noble, camino de la cual tuvimos la suerte de repasar parte de la historia de nuestro club, gracias a los artículos y Copas allí expuestos. Fue el momento de recordar a otra gran persona que hace poco nos dejó y ver, con mis propios ojos, el magnífico trabajo que Agustín Rodríguez llevaba toda su vida haciendo por el club.
Una vez en el palco nos mostraron nuestros asientos lo que acrecentó aún más si cabe el nerviosismo del ambiente pues íbamos a presenciar el encuentro a tan sólo dos sillas de la del Presidente Del Nido.
Finalmente y debido a un acto de última hora del Presidente con Maresca, Óscar Cuenca, el magnífico encargado de RR.EE. del club nos comunicó que sería al descanso el momento de hablar con J.M.Del Nido así que tras degustar unas bebidas tomamos asiento no sin antes saludar a Monchi que rápidamente se dirigió a mi recordando la aquel magnífico día que apsamos en Barcelona.
Desde ese momento, por si quedaba alguna duda, pude comprobar que el palco no está hecho para ver el fútbol o como mínimo, el fútbol de tu corazón.
Estar 90 minutos sin poder gesticular, seguir los cánticos del estadio u opinando sobre las jugadas es insufrible. La madre de David se reía por que me veía hacer playback con las canciones que salían del Gol Norte, pero a eso era a lo máximo que podía aspirar.
Evidentemente del partido no os voy a hablar, primero por que hace ya casi una semana (reitero mis disculpas) y segundo por que tampoco dio mucho de sí.
Al descanso llegó el momento.
Tras retirarnos de nuevo a la zona interior del palco, el Presidente se acercó a nosotros, acompañado por Óscar y por Vizcaíno, y nos saludó educadamente.
En ese momento sentí que mi “trabajo” ya estaba hecho, que era momento de dar un paso atrás y dejar que fueran otros los que se expresaran.
Me aparté pero siempre con la vista puesta en esa familia, rota por el dolor, que por fin podía agradecerle al club y a su máximo representante, todo lo que habían hecho por ellos. Quizá haya gente que piense que exagero, que no entienda de lo que hablo, pero el Club, a través de sus cartas, sus regalos y sus continuos detalles, era también un motivo más para que David siguiera luchando.
Jose e Isabel departieron un rato con el Presidente, le explicaron las ilusiones del chaval por ser el “suplente de Palop” y fueron agasajados con una camiseta de guardameta con el nombre de David.
Fueron unos momentos muy emotivos hasta que llegó la hora de volver al palco.
Ante de entrar, las caras de los padres y el hermano de David mostraba alivio. Hacia tiempo que deseaban poder darle las gracias al Club y al Presidente y por fin habían cumplido su deseo. Una y otra vez miraban la camiseta que les habían regalado y con una sonrisa en la cara y los ojos humedecidos, sentían que habían cumplido con la voluntad de David.
Ahí acabó la historia, aunque para ellos siempre sea una historia interminable.
El partido acabó como todos sabéis y, con el pitido del árbitro, tuve que salir a toda prisa hacia los exteriores del estadio donde todavía tuve tiempo de saludar a algunos amigos pero por desgracia, no con el tiempo que se merecían.
Sin más, me subí en el coche de de Mayte (qué grande eres jienense) y de ahí directos al aeropuerto donde puse fin a un viaje relámpago, cargado de emoción, sensaciones extrañas y mucho recuerdo.