Esta mañana, escuchando la emisión local de la Cadena SER, me ha sorprendido de forma grata, escuchar a José María Gay de Liébana* expresando su opinión sobre el conflicto futbolístico en el que está inmersa la LFP.
Según este economista y culé declarado, uno de los principales problemas reside en la forma desigual e injusta en la que actualmente se reparte el pastel de los derechos televisivos, haciendo especial hincapié en las abismales diferencias entre Barça y Madrid respecto al resto de equipos.
Ojeando ahora El Periódico de Catalunya he encontrado este artículo de esta misma persona que creo es interesante y que aquí os dejo.
“Hoy por hoy, la Liga de las estrellas es claramente insostenible en términos económicos y financieros. Con unos gastos de explotación de 1.713 millones de euros, que sobrepasan a los 1.509 millones de ingresos, las cuentas no cuadran. Luciendo un endeudamiento excesivo de 3.500 millones, el peaje de los gastos financieros
-89 millones- erosiona aún más los guarismos. Los resultados derivados de la gestión de los clubs de Primera División se saldan en términos negativos por 274 millones. El maná procedente de las plusvalías atípicas por la vía de resultados extraordinarios, enajenando derechos federativos sobre jugadores o buscando ganancias a través de operaciones inmobiliarias, se han agotado.
Las inversiones, sobre todo en jugadores, entraron en una euforia descomunal, adquiriéndose derechos federativos por sumas colosales cuya cuantía se eleva actualmente a unos 2.000 millones de euros. La carencia de fondos propios, de 266 millones en toda la Primera División, ha forzado a cotas de endeudamiento muy peligrosas, con el agravante de que una gran parte del mismo se concentra en la perspectiva del corto plazo -1.850 millones-, implicando tensiones financieras y desequilibrios muy preocupantes. Nuestras ligas BBVA y Adelante ya son conocidas como la Liga concursal: demasiados clubs se encuentran en concurso de acreedores.
Los gastos de los clubs están hinchados, tanto en los propios gastos de personal y la incidencia de la amortización de las inversiones en jugadores, que ascienden a 1.264 millones de euros, el 84% de la facturación total, como en los restantes de explotación, que se cifran en 449 millones.
No cabe duda de que el vigente modelo de reparto de los derechos de televisión beneficia en exceso a los dos grandes clubs de la Liga de las estrellas al obtener entre ambos casi el 55% del total que factura. Esta descompensación acarrea que mientras FC Barcelona y Real Madrid son auténticas máquinas generadoras de dinero, es decir, de facturación, absorbiendo los impactos de sus costes, los restantes clubs, que anhelan desempeñar un digno papel y aspirar a plazas de honor, se encadenan a unos niveles de gastos simplemente insoportables a tenor de sus volúmenes de facturación. En tanto en cuanto se dé el vigente modelo de distribución del dinero del fútbol televisado, nuestra Liga se asemeja más a la alicaída Liga escocesa, que año tras año es coto privado de dos clubs, Celtic y Rangers, ambos de Glasgow, que no a las más cercanas y competitivas Premier League, Bundesliga, Serie A y Ligue 1. El peligro, por ende, sobre la sostenibilidad del fútbol español es harto patente.
La exigencia de un plan de rescate para el fútbol con cargo a una centralización de los derechos televisivos, que permita a los clubs acceder a financiación urgente con la que liquidar parte de sus deudas vencidas, se antoja vital. La puesta en marcha de la viabilidad económica, con actuaciones dentro de un plan de choque y contención, a la par que el diseño de un plan de relanzamiento, no admite dilaciones. De lo contrario, el fútbol español se halla en un callejón sin salida y abocado a la ruina. La posibilidad de huelga por parte de los clubs no es más que la punta de un iceberg cuyo origen arranca de los excesos y descompensaciones que han caracterizado a nuestro fútbol durante muchos años.”
*Es profesor titular de Economía Financiera y Contabilidad en la Universitat de Barcelona



1 comentarios:
Más claro el agua, así no se puede seguir si queremos que haya competitividad y saneamiento, de lo cual no estoy tan seguro pues los dos "grandes" no quieren perder su estatus actual.
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