El Sevilla ha vencido al Málaga esta noche en Nervión, en un partido con muchas alternancias en el marcador y que ha dejado claro que mucho debe mejorar el equipo en defensa si quiere aspirar a algo esta temporada.
Sólo habían pasado 11 minutos cuando los nuestros ya mandaban en el marcador, gracias a un gol del canterano Alfaro. Parecía que por fin el Sevilla podía tener un partido tranquilo, pero nada más lejos de la realidad pues en sólo 7 minutos más tarde los malacitanos ponían las tablas en el marcador.
El Sevilla volvía a mostrar síntomas de debilidad y mucho nerviosismo, y había bastado con un gol visitante para hacer temblar todos los cimientos del equipo.
Cuando todavía nos estábamos recuperando del mazazo del empate, el Málaga se adelantaba en el marcador dejando de nuevo en evidencia a la defensa.
El equipo era un manojo de nervios, sin orden y completamente desdibujado, con una defensa muy blanda que no recibía ninguna ayuda de del centro del campo que, al mismo tiempo, tampoco era capaz de generar fútbol.
El Málaga por su parte tampoco era nada del otro mundo, con una defensa casi peor que la nuestra pero con dos extremos que dejaban en ridículo a los laterales una y otra vez.
Cuando peor se veían las cosas desde el bando sevillista, Negredo ponía las tablas en el marcador con un remate franco a tan sólo un palmo del portero que demostraba que no era la noche de las defensas en el Pizjuán.
El partido había entrado en una espiral de descontrol, de desorden táctico y desastre defensivo, donde el Sevilla salía claramente perjudicado al actuar como local.
El balón iba de un lado a otro sin control, con jugadas más propias de patio de colegio que de jugadores profesionales dejando en ridículo la labor de los entrenadores.
Poco antes del descanso y sumidos de pleno en la locura futbolística, la defensa sevillista volvía a mostrar sus carencias y permitía que los malacitanos se volvieran a adelantar en el marcador por mediación de Quincy.
Con el 2-3 concluía una primera mitad para el olvido, donde una vez más el equipo había pasado de adelantarse en el marcador a mostrar todas sus carencias y verse por detrás en el marcador.
La segunda mitad arrancaba con cambios en defensa, en la que entraba Alexis para ocupar el puesto de central lo que suponía la reubicación de Cáceres en el lateral derecho.

Parecía que el partido se “normalizaba”, se volvía más tosco y las defensas remendaban algo sus errores iniciales. El Sevilla buscaba la portería rival sabiendo que el resultado lo dejaba prácticamente fuera de la competición y Romaric se echaba el equipo a sus espaldas buscando llegar a la portería de Rubén.
Manzano sustituía a un Luis Fabiano tan indolente como negado para dar entrada a Kanouté que, junto a la labor de Romaric, cambiaba por completo la imagen del Sevilla.
El malí se situaba entre líneas dejando a Negredo como único punta y hacía jugar al equipo moviéndose perfectamente entre líneas. Se veía entonces cuál es una de las principales carencias del equipo pues en el momento que Kanouté desplegaba su juego entre la defensa y el medio campo rival, el Sevilla empezaba a mover el balón y a llegar arriba con continuas triangulaciones.
Y así se llegaba al minuto 65, en el que Romaric, el otro destacado de la noche, recogía un balón suelto en la frontal, levantaba la cabeza y colocaba un balón ajustado al palo que se colaba en la portería rival con la inestimable ayuda del cancerbero visitante.
El Sevilla volvía a poner las tablas en el marcador dando inicio a un nuevo partido de 25 minutos. El Málaga reculaba y lo confiaba todo a alguna contra, lo que provocaba que el Sevilla, ayudado por su público, creyera en al victoria y empujara en busca del cuarto gol.
Tras unos minutos de tanteo, el Sevilla se iba descaradamente al ataque y en una nueva jugada por banda, el balón volvía a llegar franco al corazón del área donde de nuevo Romaric, remataba a placer alojando el balón en las redes visitantes.

El Sevilla volvía a adelantarse en el marcador y además el gol, el segundo en su cuenta particular, hacía justicia al buen partido del africano.
Cuando todavía se festejaba el gol de Romaric, Capel volvía a dejar en evidencia a la zaga malacitana robando un balón cerca del área y batiendo a Rubén por quinta vez.
Parecía que la victoria no se iba a escapar esta vez de Nervión pero todavía quedaban 9 minutos lo que, viendo el nivel al que estaban las defensas, podía dar para mucho.
El Sevilla parecía que había aprendido la lección y, a partir de ese momento, se dedicaba a controlar el balón con posesiones largas, esperando que el reloj marcar la hora.
Tras consumir los 4 minutos del descuento, el árbitro señalaba el final de un partido loco que había servido para mostrar las (muchas) carencias del equipo y también para dejar en franquicia una eliminatoria que por momentos pareció perdida.