Una vez en dirección al Estadio, nos encontramos con un grupo de sevillistas acompañados de un alemán, seguidor del Sevilla, al que todos llamábamos Poulsen.
Siguiendo sus (malas) instrucciones nos apeamos del metro y empezamos a caminar en dirección al Estadio, acompañados de unos sorprendentemente silenciosos, aficionados alemanes.
Una vez allí, y todavía sin entrada, empezamos a llamar a Pitu, el miembro de la FP que debía darnos los tickets. Pitu nos decía que estaban camino del Estadio y que al llegar me llamaría. Eran las 19:30 y todavía había tiempo.
El emplazamiento del Estadio era curioso, rodeado de un museo de la marca Mercedes Benz, un infinito centro comercial y otros establecimientos que no te permitían, por muy cerca que estuviese, alcanzar a ver el Estadio.
Parecía que estaba al lado pero no lo veías y encima, el silencio alemán, no te permitía ubicarlo.
¡Cuánto nos acordamos del ambiente en los alrededores del Pizjuán viendo a los alemanes tan calladitos!
Después de dar una vuelta y hacernos unas fotos, nos dirigimos a la puerta 39, la dedicada a los aficionados visitantes.
Nuestra primera sorpresa vino al preguntarle a una chica que portaba (hasta que se la tomé prestada) un símbolo de información, cómo llegar hasta dicha puerta y su respuesta nos hablaba de caminar unos 3 kilómetros.
Yo no me lo creía y pensé que nos tomaba el pelo, pero al avanzar unos metros y repetirle la pregunta a un policía obteniendo la misma respuesta, no nos quedó más remedio que resignarnos y empezar a caminar. En este punto quiero hacer un copy-paste de una parte del texto que J.Alvarado publicó en su blog referente a este tema:
“Por último, un ruego: cuando dentro de dos semanas los aficionados del Stuttgart vengan a Sevilla ( si es que viene alguno) solicito que se les obligue a aparcar sus autobuses en el puente del Alamillo y que tengan que irse andando desde allí hasta la Casa Grande del Futbol de Andalucía.
Ha sido realmente deplorable el trato que se la ha dado a los 500 sevillistas que han callado a los 37.000 alemanes obligándoles a caminar no menos de tres kilómetros para llegar a la puerta por la que tenían que entrar.
Lo dicho: hay que dejar a los alemanes en el Alamillo y que se peguen la caminata.
Exactamente (ida y vuelta) lo mismo que hemos tenido hoy que hacer los sevillistas en Stuttgart.”
Una vez en la puerta y todavía sin entrada (20:15 h.), nos acoplamos a un grupito de sevillistas que estaban de botellón (amablemente compartida) y que formaban parte del grupo Curva Schalke.
El tiempo iba pasando y nosotros seguíamos sin entrada, así que volvimos a llamar a Pitu para preguntarle donde estaba. Nos comentó que estaban cerca, que ya veían el Estadio….pero desconocían los 3 kilómetros que les quedaban.
A las 20:40, éramos 6 los únicos sevillistas que esperábamos fuera a la llegada de Pitu hasta que al final, a lo lejos, empezaron a aparecer las siluetas de Ramón Somalo, Pedro Monago, etc.. a lo que nosotros respondimos con un desesperado grito de “Piiiiiiiiiiiiiitu, Piiiiiiiitu”, hasta que uno de ellos esgrimió una sonrisa que lo delató.
Rápidamente nos dio nuestras entradas y empezamos a correr hacia dentro del Estadio donde llegamos justos para escuchar esa maravillosa sinfonía que es el himno de la Champions.
Del partido poco os puedo explicar que no sepáis vosotros, aunque sí me gustaría destacar algunas cosas como por ejemplo la premonición de Agus segundos antes del primer gol cuando en un ataque de locura se puso a gritar él solito el nombre de Squillaci, la cara de Alvarado dos metros detrás nuestro, el momento del bocadillo al descanso donde pudimos charlar con mucho otros sevillistas o el espectacular ambiente que se genera en ese campo gracias al incansable ánimo de los seguidores alemanas situados en el fondo (el único que había).
Una vez fuera, con una sonrisa de oreja a oreja y un frío insoportable, nos dispusimos de nuevo a tomar rumbo al hotel, pero esta vez utilizando un camino alternativo que nos llevó al tren (detallazo lo de poner la información por altavoces y en las pantallas en castellano) en tan solo unos minutos.
Una vez allí y todavía con ganas de marcha, cogimos prestadas unas cervezas de la nevera del primer piso del hotel y estuvimos los cinco en una habitación recordando todos los detalles del partido y del día entero.
Al día siguiente el despertador sonó cuando todavía era de noche y hacia poco que nos habíamos acostado, ducha, desayuno y de nuevo hacia el tren camino del aeropuerto.
Antes de embarcar nos acercamos a una tienda a comprar algún recuerdo en forma de chocolate cuando de repente aparecieron tanto el cuerpo técnico, como los jugadores y el Presidente.
De nuevo fotos, charlas con algunos conocidos y, a diferencia del día anterior en el hotel, un ambiente muy distendido con los jugadores lo que nos permitió, por ejemplo, comunicarle a Adriano y Luis Fabiano la lesión de Alves (Adriano quería llamarle al instante pero LuisFa decía que todavía estaría durmiendo), charlar con Escudé, fotografiarnos por fin con Kanouté, charlar con Perotti acerca de una camiseta que “me debe” o recordarle a S.Sánchez que lo llamaríamos cuando el equipo visitara Barcelona.
Fue un fin de fiesta inmejorable, en un ambiente de camaradería entre jugadores y aficionados que nunca hubiese imaginado y que como anécdota me dejó el comentario de Luis Fabiano cuando le pedí que sostuviera la bandera de la peña para hacerse una foto: “lo hago por 500 euros” a lo que respondí “pídeme otra cosa que no tengas”.
Así pues, puedo afirmar que ha sido una de las mejores experiencias que he vivido como sevillista y que, en gran parte, fue posible gracias a la buenísima compañía que me acompañaba y al ambientazo que siempre se respira allí donde se respira sevillismo.
Próxima parada octavos de final.
P.D.: Clicando aquí podréis ver todas las fotos en un álbum que he creado en Picasa.
Os dejo también un vídeo que el bueno de Giulio, como socios de honor de nuestra peña, ha montado después de ver las fotos.
Mil gracias crack!.