Creo que esta es una de las entradas más difíciles que he escrito desde que empecé con el blog.
Quizá parte de la culpa del chasco que me llevé ayer, fue también un poco mía, pues ingenuo de mi, estaba convencido de que podíamos sacar algo bueno del Camp Nou.
El primer signo de que algo raro pasaba lo noté al escuchar la alineación titular ordenada por Jiménez. Tenía claro que Varas iba a ser el portero y que la defensa iba a ser la que fue, pero en ningún momento llegué a pensar que el entrenador de mi equipo osaría salir al Camp Nou con, por ejemplo, dos jugadores que en los últimos meses no habían acumulado ni un partido completo.
Por mucho que intento entender el planteamiento de ayer no lo consigo. Hago un esfuerzo imaginativo, intento verle el sentido a las cosas, pero no lo encuentro.
No comprendo como Jiménez, cuando jugamos con rivales teóricamente inferiores, sale al campo con 3 centrocampistas y ayer, sabedor del potencial del Barça en el centro, sale con dos futbolistas en la medular, o mejor dicho con Romaric y con un ex-futbolista.
Luego estaba el tema de las bandas. ¿No veía Jiménez que todo nuestro peligro se iba a basar en entrar rápido por las bandas?, ¿no vio durante todo el partido que todo lo que Capel y Navas ganaban por velocidad lo perdían frenándose para acomodarse el balón a su pierna buena?.
Y para rematar, el colmo de los colmos, fue darle la titularidad a Koné o, visto de otra manera, quitársela a Kanouté. ¿Cuánto hacía que Koné no salía de titular?, ¿y de verdad Jiménez pensó que el día idóneo era ayer, en el campo del líder?. Y del tema del cambio al descanso mejor no hablo…¿para qué sacó a Kanouté?…¿para remontar?, ¡anda hombre!.
Luego estuvo el otro problema, el que de verdad me hizo sentir vergüenza ayer sentado en la tercera graderia del Nou Camp: la actitud de los jugadores.
Si bien es cierto que cuando eres un futbolista y ves que tu propio entrenador te está sacando al foso con los leones totalmente desgüarnecido, no tienes ganas de nada, la actitud del equipo ayer fue vergonzosa.
No recuerdo un partido en el que un equipo le muestra al rival tanto respeto o mejor dicho tanto miedo. El Sevilla se caracteriza por ser un rival agresivo, duro, luchador, un equipo con casta y coraje, pero ayer fuimos un pelele de equipo.
Perdonadme que sea tan duro pero es que la vivido ayer tardaré en olvidarlo. ¿Habíais visto antes a un equipo recular de semejante forma?. Sólo hay que ver el primer y el cuarto gol.
¿No podían Squillaci y Escudé entrarle a Iniesta en vez de permitirle que avanzara con el balón?.
¿No podía Mosquera apretar a Henry en vez de acompañarlo hacia la portería?.
Anda que con J.Navarro y Alfaro hubiese pasado eso.
La noche de ayer tenía que convertirse en un sueño. El sueño de los pocos sevillistas que ayer osamos acercarnos al Camp Nou. El sueño de los que creyeron en su equipo, en el orgullo de unos jugadores que no saben lo que tienen detrás.
Estoy seguro que si algún jugador hubiese tenido que pagar los 50 euros que pagaron (yo, por suerte, entré con un carnet de socio prestado) los que me acompañaban, subir hasta la tercera gradería, en lo más alto del Camp Nou, desbordantes de ilusión, creyendo que su equipo les podía dar una alegría, para acabar viviendo la humillación que vivimos nosotros ayer, pedirían perdón una y otra vez.
Los jugadores ayer, no tuvieron ni dignidad ni orgullo, no merecieron vestir esa camiseta.
Nosotros en el minuto 30 de la segunda decidimos irnos. Yo no estaba dispuesto a seguir viendo la humillación que ese escudo y toda la gente que se siente representada por él, estábamos sufriendo.
No era justo.
Ese fue el pésimo colofón a un día que empezó de forma maravillosa y acabó de la peor de las maneras.
Por suerte Pol, mi hijo de 4 meses, sólo vivió lo bonito del día. Espero que cuando crezca y me acompañe a ver los pocos partidos de mi equipo que los sevillistas de por aquí podemos ver en directo, no se tenga que sentir nunca como nos sentimos nosotros ayer.