Bueno aquí estoy de nuevo.
No diré que recuperado por que sigo sin tener voz y llevo un resfriado de mil demonios pero ya firmo cada año volver así de Montjuic si disfruto la mitad de lo que disfruté ayer.
La tarde empezó, oficialmente, a las 18 h. delante de las taquillas del Estadi Olímpic. Ese era el punto de reunión y allí empezaron a llegar sevillistas de todas clases y colores.
Los había de la Peña Nervionline, de Sevilla Grande, de la Peña Sevillista de Valencia, Sevillistas de Puerto Rico, sevillistas con gambas, sevillistas con peluca y claro está, muchos, muchos, sevillistas catalanes.
Y claro está, A.Martín y su señora Concha llegados desde Sevilla, mi padre y mi madre.
Cuando el reloj ya marcaba casi las 18:30 y todo el mundo ya tenía su entrada (especial agradecimiento a Pedro Casas, un sevillista de por aquí que nos cedió 25 entradas para que nadie se quedara fuera), la comitiva sevillista, formada por más de 100 integrantes, nos dirijimos a la puerta asignada para los aficionados visitantes.
Ahí podía estar el primer problema, ya que pocos teníamos la entrada de esa zona, pero los porteros del Estadio, muy amablemente, nos dijerons que la única condición para acceder por esa puerta era tener entrada y ser sevillista, así que nosotros cumplíamos de sobras esas condiciones.
Una vez dentro tuvimos que “aclimatarnos” a la nueva ubicación, justo detrás de la portería, y rodeados de unas redes que nos hacía sentir más como delincuentes que como aficionados al fútbol. Lo curioso del tema es que en teoria, la nueva ubicación estaba motivada por los incidente provocados por los 4 tontos de siempre que acudieron a Montjuic el día del derbi de la ciudad. La idea era poner a los visitantes abajo para que no pudieran lanzar cosas a la afición espanyolista….pero no pensaron que ahora, la grada visitante está totalmente desprotegida ante los socios pericos que se sentaban encima.
Por suerte se trató sólo de algún caso esporádico y nosotros pudimos seguir a lo nuestro: animar al Sevilla.
Aquella grada era una fiesta desde antes de empezar el partido. Cánticos por aquí y por allí, acordándose de los de siempre, con baile, con palmas, con botes….alegría por los 4 costados.
Una vez empezó el partido la gente no cejó en el empeño de apoyar a los suyos, los nuestros, aunque en los primero 45 minutos el partido no dio mucho de sí.
Así llegamos al descanso, momento que todos aprovechamos para saludar a aquel amigo al que not e había dado tiempo de saludar o a aquel otro que no habías visto al principio pero que luego habías reconocido cantando y saltando por la grada.
El segundo tiempo empezó más o menos como el primero y el regular juego del equipo sumado al frío que caía en Montjuic pareció por momentos que calmaba la grada, pero sólo fue un espejismo.
Todavía quedaban fuerzas para animar y la gente sabía que era el momento de dar el último empujón, de llevar al equipo hacia arriba y conseguir esa victoria con la que todos soñábamos.
La expulsión de Lola hizo que un rumor corriera por l grada “nunca le ganamos a un equipo con 10”, pero todos creíamos que tanto esfuerzo y tanto ánimo como había en aquella grada no podía queda en vano.
Primero fue Capel con un chut ajustado al palo y luego Renato, con un remate al palo cuando ya todos cantábamos el gol….se veía venir, se palpaba que el gol podía estar cerca, pero los minutos pasaban y algunos ya nos resignábamos al empate a cero.
Pero no.
Aquello no podía acabar así.
Y eso Kanouté, el gran Kanouté lo sabía.
Y así fue, una jugada de Navas por la banda, pase atrás y el crack malí desataba la locura en la grada.
Imaginaros como fue todos que al llegar a casa tuve que preguntarle a Clara quién había anotado el primero por que fue ver entrar el balón en la portería y perder el oremus.
Saltos, abrazos con todo el mundo, felicitaciones, cánticos y sobre todo, felicidad.
¡Dios!, ¡qué liberación!!!!.
Quedaban 10 minutos.
10 minutos en los que la grada no dejó de cantar, de animar, de desbordar alegría.
Pero también había algo de miedo, nervios a que aquello que tanto había costado conseguir se quedara en nada en cualquier jugada aislada.
Hasta que llegó el minuto 90 y Kanouté, el hombre que más alegrías ha dado a la parroquia sevillistas, dejaba claro quién iba a ser el ganador de ese partido.
Era el 0-2 y el turno de los sevillistas de demostrar quién iba a ser el ganado en la grada.
Y ahí tampoco hubo color.
O mejor dicho, sólo hubo un color: el carmesí.
Cuando el árbitro pitó el final la gente seguía saltando, cantando y bailando como si se tratara de la final de Eindhoven.
Como siempre en estos casos, la policía no impidió salir del campo hasta pasados 20 minutos…pero fue la espera más dulce que hubiésemos podido imaginar.
Fueron 20 minutos de frío….pero 20 minutos de alegría…tanta que hasta cuando nos dieron el OK para salir algunos no nos hubiésemos ido de aquella grada.
Ayer fue otro día más para sentirse orgulloso de esta afición.
Ayer ganamos en el campo y en la grada.
Yo perdí la voz, pero gané muchas otras cosas.
Lo que daría por poder tirar el tiempo atrás y que volvieran a ser las 18 h.
Gracias a tod@s.
P.D.: En la columna de la derecha, donde pone “álbum de fotos!” podéis ver un poquito de lo que vivimos ayer. Prometo colgar algun video, pero todo a su tiempo!