Leyendo en la web oficial del club la noticia de que el equipo ha sido recibido en Glasgow por una “lluvia intermitente”, me han venido a la cabeza las imágenes de aquellos dos maravillosos días de Mayo del 2007 en la bonita ciudad escocesa.
He recordado todo el trasiego hasta llegar allí, levantándonos a las 3 de la mañana para enlazar vuelo tras vuelo hasta llegar allí y como nosotros, mi padre y yo, fuimos recibidos también por esa lluvia.
Jamás podré olvidar aquella aventura, la emoción al salir de casa, la cara de mi padre al subirse al avión, los primeros momentos de incógnito rodeados de seguidores espanyolistas y nuestro “destape” al llegar a Londres.
Sigo riéndome al recordar las bromas con el amigo de la “catenaria”, las esperas en los aeropuertos, las muffins…
Viendo las fotos, me vienen a la cabeza los momentos en la carpa de aquella bonita plaza, las fotos con los bobbys, los cánticos al Tiburón Prieto y otra vez la cara de mi padre.
Me vuelven a la mente los momentos previos al partido, la impresión y el nudo en el estómago al ver el campo a lo lejos, las ansias por saber donde nos ubicaban aquellas entradas conseguidas a través del sorteo de UEFA y la alegría al vernos a ras de césped.
Rememoro las llamadas de última hora a mi madre y a Clara, ambas frente al televisor casi tan nerviosas como nosotros, a Carmen y a Juanji, un crack que tuvo que vivir el partido entre camisetas blanquiazules, los cánticos del fondo perico y las respuestas desde el fondo sevillista.
Repaso mentalmente el partido una y otra vez, el gol de Adriano tras una espléndida asistencia de Palop, los abrazos con mi padre, las caras de los periquitos de los alrededores. Sufro de nuevo al ver a Riera superando a Martí una y otra vez y su gol que suponía el empate.
Vuelvo a sentir el alivio al recordar la expulsión de Moisés, el mal sabor de boca al alcanzar la prórroga, la inmensa alegría al creernos campeones tras el gol de Kanouté casi al final y la enorme decepción al anotar Jonatas.
No puedo olvidar a mi padre diciéndome que los penaltis eran demasiado para él, que prefería no verlos y al momento rectificar diciéndome que eso sólo se vivía una vez. Me viene a la cabeza el miedo al ver a Drago lanzar el penalty y la sorpresa al verlo anotar con tanta facilidad.
Y por fin, recuerdo a Palop lanzarse como un felino para atajar el penalty de Torrejón que nos daba la Copa, los abrazos con mi padre, las lágrimas, la cámara de fotos al viento y el éxtasis máximo.
Se me pone la piel de gallina al revivir las posteriores llamadas de la familia, las lágrimas de mi madre al teléfono y, otra vez, la sonrisa de mi padre.
Me veo en el Estadio, cuando casi todo el mundo ya se había ido haciéndome una foto tras otra, las caras de alegría al salir del Estadio, la sensación al llegar al hotel, el insomnio provocado por los nervios, la complicidad con mi padre al vernos de nuevo al día siguiente y el paseo por Glasgow sabiéndonos campeones.
Recuerdo el encuentro con los jugadores en el aeropuerto, sus caras de felicidad, algunos con pinta de no haber dormido, el cansancio acumulado y las ganas de volver.
Y no puedo olvidar la llegada a Barcelona, las ganas de ambos por ver a mi madre y explicarle todo lo vivido, el encuentro con otro infiltrado en el avión, el abrazo de mis padres al verse como cuando una madre recoge a su hijo tras unas colonias y mi reencuentro con Clara.
Eso es Glasgow para mi, la ciudad que me permitió vivir una de las mejores experiencias de mi vida al lado de mi padre.
Pase lo que pase mañana, Glasgow siempre estará en mi recuerdo.



2 comentarios:
amigo primero al ver tu comentario en mi blog me he reido y mucho, pero al ver ese comentario final sobre lo de tu padre, me he emocionado mucho, yo lo unico que pude ver con el mio, fue un partido de Copa del Rey ante Osasuna y empatamos a cero, enhorabuena y aqui esta los frutos de lo que grande que hemos conseguido, poder hacer tu este post
Me has hecho recordar aquella noche, yo en Sevilla, pero con los nervios de punta
Que recuerdos
Un abrazo
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