Han pasado ya unas horas desde que el árbitro pitara el final del partido, pero sigo teniendo un cabreo monumental. Quizá, si viviera en otro sitio, la cosa sería más fácil de olvidar, pero aquí no.
Cuando participas en una carrera con 5000 personas más y ves que, tras el resultado de ayer, muchos aprovechan para lucir sus mejores galas azulgranas, el cabreo sigue ahí.
Y de comprar el periódico ni os hablo. Antes me he acercado a un quiosco y, con lo que he visto de lejos, he tenido suficiente.
Y eso que todavía no es la hora de los noticiarios.
Después de ller varias crónicas y opiniones en blogs y periódicos online, me doy cuenta que hay una gran disparidad de criterio.
Por un lado están lo que todo lo ven maravilloso, creen que el juego del equipo fue bueno y sólo la actuación del árbitro fue la culpable del resultado.
Yo a ese carro no me subo.
Luego están los de siempre, los del pito y el pañuelo, los que creen que todo es un desastre y lo normal es que ayer hubiésemos encajado algún gol más. Para esta gente, dentro de poco habrá que empezar a mirar atrás por si nos acercamos a puestos de descenso.
Evidentemente a este tampoco me subo.
Yo, como viene siendo habitual, no veo las cosas ni negras ni blancas.
El gris existe.
Y el gris hoy dice que el equipo hizo una buena primera mitad, con un planteamiento interesante pero que requería una gran capacidad física. Y de físico, debido a las lesiones que venimos padeciendo, no vamos sobrados. Además hicimos lo que nunca se puede hacer cuando se tiene delante a un equipo como el Barcelona: perdonar. Tuvimos cuatro y no entró ninguna, y eso se paga.
Luego, si encima el trencilla de turno se traga una falta a Kanouté que hubiese significado la expulsión de Piqué, pues peor todavía. Y si ellos tienen una sola ocasión propiciada por mal despeje de nuestra defensa y la meten poco más se puede hacer.
Luego vino el segundo tiempo. Ahí nuestro primer error fue concederle el balón al Barcelona. Unos dirás que el Sevilla no se tiró atrás si no que el Barcelona subió una marcha, pero yo vi a mi equipo defenderse dentro del área y eso es innegable.
En esos minutos corrimos como pollos sin cabeza, viendo pasar el balón cerca pero sin ninguna posibilidad de jugarlo, y entonces llegó el bajón físico.
Si ya defendíamos atrás, ahora lo hacíamos debajo del larguero de Palop.
Y ahí es donde creo que nuestro banquillo falló. El míster no pùede permitir que en nuestro estadio, acabamos defendiendo dentro del área y les cedamos el control total del balón.
Y así nos fue.
En resumen, una buena primera mitad marcada por nuestros propios fallos y los de árbitro y un segundo tiempo en el que nos vinimos abajo y acabamos goleados por nuestro juego miedoso y timorato.
Menuda semanita que me espera.
Por suerte Clara está conmigo y el móvil puedo tenerlo apagado.



1 comentarios:
Joan de acuerdo contigo en casi todo, pero creo que la primera parte tampoco fue tan buena, solo que en ese tiempo teniamos aun fuerzas, pero el planteamiento fue el mismo, la pelota para el Barsa. Por cierto como has quedado en la carrera?
Publicar un comentario en la entrada