Todo ha sido como se esperaba.
Para empezar, el típico arranque fuerte del equipo local. Los austríacos han salido a por todas buscando el gol tempranero que les hiciese creer en el milagro. Una y otra vez sus extremos llegaban a la línea de fondo, sacando peligrosos centros que la zaga central del Sevilla, formada esta noche por Escudé y Squilaci, rechazaba una y otra vez.
El Sevilla mientras, seguía agazapado atrás esperando su momento. Al principio, como ya había escrito en la previa del partido, se trataba de dejar pasar los minutos manteniendo la portería a cero.
El tiempo iba pasando y ellos perdían fuerza mientras el Sevilla empezaba a salir de las cuevas.
Se acercaba el descanso y llegaba nuestro momento.
Navas y Adriano salían a la contra anunciando peligro y en una de esas, el extremos brasileño deja sentado a su marcador en el corner, progresa por la línea de fondo y le sirve un pase medido a Kanouté que sólo, en el punto de penalty, bate al portero Ochs.

La cosa pintaba bien. Ellos empezaban a sufrir el desgaste de ver como su esfuerzo era en balde y el Sevilla lo aprovechó de la mejor manera.
Así se llegó al descanso. El Sevilla había conseguido en los diez últimos minutos lo que ellos llevaban intentando partido y medio.
El segundo tiempo empezó con ocasiones para nuestro bando. Navas se iba por velocidad de sus defensas pero fallaba en la definición. Si el palaceño tuviera más acierto de cara a portería estaríamos hablando del mejor interior del momento.
Viendo que la eliminatoria estaba perdida el equipo austríaco empezó a jugar de forma desordenada, dejando muchos espacios en defensa que los nuestros aprovechaban cada vez con más peligro. El balón empezaba a ser claramente sevillista y el equipo se gustaba controlando el partido.
En otra contra de libro, el gran Kanouté era objeto de un clarísimo penalty que él mismo transformaba. 0-2, los dos del crack de Mali.

A partir de ahí Jiménez empezó a dosificar a los jugadores. Por fin pudimos ver a Acosta en un partido a su medida. El argentino cuajó unos grandísimos 30 minutos finales, con jugadas eléctricas y a punto estuvo de hacer el tercero después de sentar a varios defensas austríacos.
Cheva saltó al campo por el bigoleador Kanouté y De Mul hizo lo propio Adriano. El uruguayo tuvo otra clarísima oportunidad que el portero le sacó con el cuerpo.
Ya sólo quedaba esperar a que el árbitro pitara y empezar a pensar en el Athletic.
Los sevillistas podemos estar muy orgullosos y satisfechos del equipo que tenemos. Los Kanouté, Adriano, Navas y Renato demostraron que a poco que el equipo esté firme atrás, y ya van cinco partidos sin encajar goles, son capaces de 'matar' a cualquiera. Especialmente buena para el Sevilla es la recuperación apuntada por Adriano, al que no se le recordaba un partido de este nivel desde Glasgow, las maneras apuntadas por el dúo defensivo Squillaci-Escudé, la descomunal solvencia de Fernando Navarro y la entrada en el equipo del propio Renato, que se mueve mejor que nadie entre líneas, amén de la mejoría física de Kanouté y de las maneras apuntadas por Lautaro Acosta en la última media hora.
Al final el Estadio no fue ni la mitad de lo que preveían los medios austríacos y hasta pudimos oír y ver a los aficionados sevillistas en más de una ocasión. Hasta en eso somos unos cracks y si no que se lo pregunten a los austríacos, que se quedaron sorprendidos al ver a los nuestros atreverse con un trenecito por la grada.
Ahora a esperar equipos para la liguilla.
Yo no sé a vosotros pero a mi me encantaría encontrarme con el Tottenham...



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