Se celebraban ayer 120 años desde que se celebrara el primer partido de fútbol es la Península en el que, como no podía ser menos, estuvo presente el Sevilla FC.
Era una día de celebraciones, de orgullo sevillista, pero parece que la climatología catalana no lo entendió así.
El día empezó gris, con una intensa e incesante lluvia que poco hacía prever lo que más tarde vendría.
A eso de las 11 de la mañana empezaron a caer los primeros copos que, unidos a la lluvia que había caído minutos antes, quedaban en nada al toparse con el suelo.
Era la nieva divertida, la que hace gracia ver caer.
Así estuvo más de 5 horas, cayendo nieva fina que no llegaba a cuajar pero que empezaba a crear los primeros atascos en las calles y carreteras cercanas a Barcelona.
Cerca de las 16 h., cuando únicamente podía verse nieve encima de algunos coches mientras el asfalto se mantenía libre del agua blanca, tuve que coger el coche en dirección a Badalona.
Una vez dentro del vehículo y cuando sólo habían recorrido unos pocos metros, la nevada se tornó más virulenta y lo que antes eran unos copos gracioso empezaban a ser auténticas “bolas” de nieve.
A las 16:30 me encontraba atrapado cerca de la Ronda de Dalt, sin posibilidad de avanzar ni hacia adelante ni hacia atrás. Pasaban los minutos y la nieve empezaba a acumularse. Los pies de los transeúntes se tornaba invisibles y los limpiaparabrisas no daban abasto para retirar tanta nieve.
Algunos coches se aventuraban a avanzar pero casi todos se resignaban al ver como el de delante empezaba a patinar y se quedaba cruzado en el blanco asfalto.

Dos horas más tarde y todavía en el mismo sitio, las calles se iban despejando después de que algunos intrépidos conductores hubiesen conseguido mover sus vehículos. Teníamos vía libre para avanzar, pero no iba a ser fácil.
Con la única organización que imponíamos los que estábamos en los coches (vergonzosa la ausencia total de guardia urbana) y ayudándonos unos a otros pudimos ir moviendo los coche no sin algunos sobresaltos como el que me tocó vivir a mi y que dio con mi coche patinando como si estuviera en una pista de hielo.
Una vez enderezado el coche pudimos tomar el lateral de la Ronda y avanzar unos metros, pero allí el caos seguía siendo el mismo. 30 minutos después apareció la primera máquina quitanieves que nos hizo apartarnos hacia un lado para retirar los más de 30 centímetros de nieve que se acumulaban en el ahora blanco asfalto.
Poco después volvíamos a avanzar pero siempre alejándome de mis destino que, evidentemente había cambiado para volver a ser mi casa. Todas las oportunidades de desvío que encontraba me obligaban a encarar calles con gran desnivel de bajada, algo que clarísimamente no me veía capaz de superar y así, a eso de las 19:15, tres horas después de haberme subido al coche, decidí apartarme de la fila de coches para aparcar (por decirlo de alguna forma) el mío en un lado, donde molestara lo mínimo posible, y regresar a casa caminando.
Al bajar del coche el paisaje era desolador, el caos se adueñaba de todas las calles, muchas de ellas cortadas y con coches cruzados en el asfalto, aunque siempre había quién aprovechaba la ocasión como pude comprobar al encontrarme gente son skis y algún que otro snowboard.
El camino a casa no fue fácil, nevaba todavía y se había levantado un viento que hacía caer las capas de nieve acumuladas en los árboles. La única que disfrutaba del trayecto era la perra que nunca antes había visto la nieve, y corría desbocada mientras se hundía en las zonas donde más se acumulaba.

A medida que me acercaba a casa y en consecuencia bajaba la altura a la que me encontraba, la nieve iba convirtiéndose en peligrosas capas de hielo que más de un disgusto le dieron a uno (y a una) hasta que por fin, casi a las 19:45 apretaba el timbre de casa, calado hasta los huesos, y me metía en la ducha para intentar recuperar la temperatura.
Hoy el día ha amanecido soleado pero muy frío y los tejados siguen teñidos de blanco, incluso en mi terraza sigue habiendo más de 3 dedos de nieve acumulada. El coche sigue donde lo dejé pues no me he atrevido a ir a buscarlo por miedo a volver a quedarme atrapado esta vez en el hielo.
Más tarde probaré de ir a por él, por ahora ya tuve suficiente ayer…
P.D:: Si queréis ver alguna de las muchas fotos que hice ayer durante mis 3 horas de cautiverio aquí os dejo un enlace.